viernes, 16 de octubre de 2009

Ebooks (capítulo 1): continente

El Amazon Kindle ya se vende fuera de su mercado origen, EE.UU. ¡Albricias, como decía el maestro de Zipi! Por si alguien no lo sabía, el Kindle es un reproductor de ebooks... lector de libros... libro electrónico.
De toda la vida, los libros tradicionales (de papel) son tanto contenido como continente, es decir, son tanto la tinta, el papel de sus hojas y, dado el caso, el cuero del lomo, como las palabras que contienen. Por lógica, los libros electrónicos son tanto la electrónica que transporta la información como los unos y ceros que conforman la información. Por lo tanto, no hace falta decir "lector" ni "reproductor". Lo de ebook o libro electrónico ya es más discutible, igual que el email o el correo electrónico, y ahí no entro. Para abreviar, cuando digo "libro" me refiero al papel y cuando digo "ebook" me refiero al digital, aunque el ebook sea en realidad un tipo de libro. ¿Estamos?
Como decía, Jeff Bezos ha bendecido al resto de la humanidad con su filantropía y nos permite disfrutar de la última revolución informativa y tecnológica.
Lo que más distingue al Kindle de la competencia es que permite comprar y descargar un ebook sin ordenador, esté uno en la parada de bus de la esquina o en las antípodas. Hasta aquí, nada nuevo, eso ya se podía hacer desde hace tiempo con cualquier teléfono con Java y conexión a Internet WAP, es decir, un teléfono de gama baja. Otra cosa es que sea cómodo hacerlo, claro. La velocidad de descarga de un ebook a un teléfono 2G es soportable, otra cosa es leer en una pantallita de 1 pulgada. Para ello están los últimos teléfonos táctiles de gran pantalla; leer en 3 pulgadas no supone un gran problema para muchos usuarios, sobre todo para los jóvenes o aquéllos con excelente visión.
Pero ahí entra la tecnología eink o tinta electrónica, de la que se nutre el Kindle y la gran mayoría de los ebooks actuales. Sin entrar en detalles técnicos, este tipo de pantallas no emiten luz, sino que la reflejan, por lo que a) no cansan la vista en absoluto y b) la batería dura semanas (concretamente, se puede pasar página 7500 veces).
Sinceramente, desde hace unos pocos años, los ebooks no tienen nada que envidiar a los libros, de hecho presentan una gran ventaja. Por ejemplo, ya no morirán más niños aplastados por la trilogía de El Señor de los anillos ilustrado y en un único volumen (humor negro). Se pueden llevar cientos o miles de libros en apenas 250 gramos, aunque en realidad no hace falta llevar tantos libros encima. La gracia está en que los libros ya no le echarán a uno de casa al ocupar tanto espacio físico. Obviamente, esto es bueno para autores y editores, porque los lectores no se lo pensarán tanto al decidirse por un libro. Desde casa, se compra con un clic, se recibe al instante y no ocupa sitio. Lo mismo para regalar ebooks.
Por supuesto, están los nostálgicos que quieren oler un libro recién abierto (¡pervertidos!), los que quieren tocar el papel y deleitarse con la cubierta (¡fetichistas!), etc, etc. Melancolías aparte, tecnológicamente los ebooks están a la altura de los libros. Al menos en cuanto a continente. ¿Pero qué hay del contenido? El valle no es tan verde como lo pintan.

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